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Durante décadas, el insomnio fue tratado como sombra de otros males: algo secundario que desaparecería solo. Matthew Walker y Colin A. Espie demostraron lo contrario. Las mediciones prospectivas de 1989 invirtieron la flecha causal, revelando que las quejas de sueño duplican el riesgo de depresión posterior. Más de sesenta ensayos confirmaron una relación escalonada: cuanto más mejora el sueño, más mejora el ánimo. Pero la flecha no es unidireccional, y el umbral de las "ocho horas" resulta ser un mito moderno.
Aprenderás:
- Por qué el insomnio "secundario" dejó de existir en 2013
- Cómo comunidades sin electricidad duermen solo seis horas y media
- Qué ensayo redujo la depresión a la mitad en tres años
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