Madhumita Murgia
La inteligencia artificial no piensa: imita, y su imitación está construida sobre cuerpos invisibles. En este libro, Ian Koli etiqueta peatones en Kibera para entrenar los ojos de Tesla, Daniel Motaung revisa decapitaciones por 2,20 dólares la hora para limpiar Facebook, y el rostro de Helen Mort es injertado en pornografía sin recurso legal. Desde el Top600 de Ámsterdam hasta los campos de Xinjiang, los algoritmos no crean desigualdades: las automatizan y escalan, convirtiendo la discriminación en ciencia incuestionable.
Aprenderás:
- Por qué el 96% de los deepfakes son pornografía no consentida
- Cómo la vigilancia predictiva fabrica los delincuentes que predice
- Qué reveló la herramienta UberCheats sobre el robo algorítmico
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